El lipedema es una enfermedad crónica, lo que significa que no existe una solución única válida para todos los casos. Sin embargo, sí hay diferentes tratamientos que permiten mejorar los síntomas, frenar su evolución y aumentar la calidad de vida.
Tratamiento conservador: el primer paso
En muchos casos, el abordaje comienza con medidas no quirúrgicas orientadas a controlar los síntomas. Estas pueden incluir: terapia compresiva, drenaje linfático manual, rutina de ejercicio adaptada y mejora de hábitos de vida.
Este tipo de tratamiento puede ayudar a: reducir la sensación de pesadez, mejorar la movilidad y a aliviar molestias
En aquellos casos en los que el lipedema está más avanzado o los síntomas afectan de forma significativa a la calidad de vida, puede plantearse una opción quirúrgica.La técnica más utilizada es una liposucción específica para lipedema, diseñada para respetar el sistema linfático.
Su objetivo es: reducir el volumen de las zonas afectadas, disminuyendo el dolor y mejorando la funcionalidad general
No hay dos casos de lipedema iguales. Por eso, la elección del tratamiento, así como las diferentes pautas a seguir son siempre acorde a tu situación: el grado de la enfermedad, la sintomatología, tu estilo de vida y tus expectativas. Queremos ayudarte y que sepas en todo momento que nuestros tratamientos son a tu medida.
El siguiente paso no es decidir un tratamiento, sino entender bien tu situación.